Camino bajo esta masturbación de neón con los ojos abiertos
La ciudad ha cometido un crimen contra la noche y ahora pretende iluminar sus huellas. Hay demasiada luz en las avenidas, demasiada electricidad en los ojos de las personas, demasiados edificios encendidos como ataúdes verticales donde los vivos representan la farsa de estar vivos. Los anuncios comerciales parpadean con la histeria de los profetas electrónicos, prometen felicidad en cuotas, orgasmos de consumo, eternidades con descuento. Una mujer cruza la avenida con un cadáver de cansancio en los hombros y la pantalla de un banco le sonríe: SU DINERO ESTÁ SEGURO. Nada está seguro, pienso, ni siquiera la oscuridad, esa vieja conspiradora que los poderosos persiguen con reflectores porque sospechan que Dios, si todavía existe, trabaja de noche y no declara impuestos. Sobre nuestras cabezas, un millón de bombillas asesinan las estrellas y nadie presenta una denuncia. Hemos convertido el cielo en una propiedad horizontal. Camino bajo esta masturbación de neón con los ojos abiertos y la c...