Sobre estas calles desiertas
Sobre estas calles desiertas aprendí que las ciudades no mueren cuando se vacían de personas sino cuando empiezan a creer en el orden. El abandono es un funcionario impecable: barre las aceras, archiva los gritos, enumera las ruinas y les pone un sello para que nadie sospeche que todavía sangran. La piedra parece inmóvil, pero miente con la serenidad de un sacerdote. También los templos mienten. También las banderas. También la memoria cuando se prepara para salir a la historia. Camino entre edificios que han olvidado el nombre de sus antiguos habitantes y, sin embargo, continúan respirándolos desde las grietas como un pulmón obstinado que se niega a aceptar la lección de la muerte. No soy un testigo. Soy otro ladrillo desplazado de su sitio. Cada paso me borra un poco más el rostro y la calle, con una paciencia que sólo poseen los verdugos y los árboles, ensaya sobre mi sombra una escritura que ningún alfabeto podría traducir sin traicionarla. Me dijeron que las ciudades eran el triun...