La gravedad también organiza el pensamiento
Antes de existir una palabra ya había un cuerpo negociando con una fuerza que jamás necesitó presentarse. Las rodillas descubrieron el equilibrio mucho antes de que la conciencia inventara la duda; la columna memorizó la inclinación del mundo antes de que los ojos encontraran el horizonte; el oído interno escuchó una música muda que organizaba cada movimiento con la paciencia mineral de aquello que no admite discusión. Desde entonces confundimos el pensamiento con una actividad del lenguaje cuando quizá siempre haya sido una lenta administración de la caída. La gravedad no gobierna únicamente los cuerpos. Edita la realidad. Selecciona qué permanece suspendido unos segundos más, qué desciende hasta convertirse en fósil y qué jamás consigue levantarse del todo. Su inteligencia carece de voluntad, pero escribe con una precisión que ninguna filosofía ha logrado borrar. Cada paso constituye una conversación con esa escritura invisible. Caminar significa retrasar una caída. Respirar consiste...