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Fumando el mismo pensamiento

Encendí el cigarrillo antes de reconocerlo. No por la marca, que no compro, ni por el tacto del papel, ligeramente húmedo, como si hubiera pasado por otra boca. Lo reconocí por la resistencia del humo: no avanzó hacia los pulmones, se quedó suspendido detrás del esternón, ocupando un espacio que no sabía que existía. Inhalé otra vez, con la sospecha de que repetir el gesto corregiría algo. No corrigió nada. Alguien habló desde una zona que no coincide con la voz. No dijo una frase completa, más bien una interferencia: repetir no es insistir. La sintaxis falló y eso fue suficiente para que el sentido se multiplicara en direcciones que no podía seguir. Caminé. El asfalto devolvía un calor tardío que subía por las plantas de los pies como un recuerdo mal fechado.  En el bolsillo había una caja que no recordaba haber guardado. Los cigarrillos estaban numerados con una tinta irregular. Tomé uno al azar. El número parecía un siete, pero la curva final no cerraba. Podía ser otra cosa si l...

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