Crónica de un silencio que empezó antes de nosotros
El silencio no empezó cuando dejamos de hablar. Eso es lo que digo porque suena razonable, porque organiza la memoria como si todavía obedeciera a una lógica. Pero no es cierto, o no del todo. El silencio empezó antes, cuando las palabras todavía funcionaban y ya estaban fallando, cuando cada frase parecía tocar algo pero en realidad lo rodeaba con una precisión casi obscena. Había risas, había gestos, había esa continuidad que uno confunde con sentido. Y sin embargo, algo respiraba debajo, no como una amenaza clara, sino como una inversión: no lo que falta, sino lo que sobra y no encuentra dónde ponerse. Podría decir que fui yo quien lo notó primero. No lo sé. Me gusta pensarlo porque da la ilusión de haber tenido algún tipo de lucidez, como si detectar la grieta fuera una forma de superioridad. Pero también podría ser al revés: tal vez fui el último en entenderlo y ahora escribo desde ese retraso, intentando corregirlo con frases que llegan tarde. Esto también podría ser falso. No ha...