Perdido
Camino sin mapa porque el mapa es una forma de obediencia y hoy no tengo vocación de empleado del destino, camino con los cordones medio sueltos y el estómago negociando con el café, la ciudad se levanta frente a mí como una fábrica de certezas prefabricadas y yo avanzo con la sospecha de que cada paso es una pequeña traición al orden que me diseñaron en la escuela cuando me enseñaron a colorear dentro de líneas invisibles, y mientras cruzo la avenida siento el ruido pegado a los tímpanos como si alguien estuviera lijando el aire, motores, pantallas, anuncios que prometen una felicidad en cuotas, y pienso que tal vez perderse no sea extraviarse sino desertar del trazado oficial, pero apenas formulo esa idea me río de mí mismo porque suena demasiado brillante, demasiado limpia, y yo no estoy limpio, tengo sudor en la espalda y una resaca leve que me recuerda que anoche también intenté entender el universo desde una mesa pegajosa. La ciudad no es metáfora, es concreto húmedo bajo la suel...