Un barrio que ha olvidado su nombre
Un barrio dejó de pronunciar su nombre el mismo día en que la ciudad decidió llamarlo proyecto de renovación. Ninguna excavadora comenzó la demolición aquella mañana; empezó mucho antes, cuando un escritorio descubrió que las palabras ocupaban demasiado espacio y los números producían mejores balances. Desde entonces San José dejó de ser una respiración para convertirse en una casilla de inventario. El progreso siempre llega perfumado de cemento fresco. Después exige silencio. El bahareque agrietado seguía aferrado a la montaña con la obstinación de una costilla mal soldada; el zinc oxidado escurría una fiebre rojiza sobre los techos; el concreto húmedo olía a lluvia mezclada con gasolina, café recalentado y tierra abierta. La neblina descendía despacio, cubriendo cables, escaleras y ventanas como una enfermera que amortaja un cuerpo antes de certificar la muerte. Los ojos comenzaron a fabricar una película blanquecina. Las sienes latían con violencia. La bilis ascendía hasta la gargan...