Quema mi nombre
Me dijeron que mi nombre había sido registrado dos veces, pero no con un error tipográfico sino con dos grafías incompatibles, como si alguien hubiera dudado en mitad de la escritura y esa duda hubiera quedado archivada. La mujer detrás del vidrio no levantó la vista; deslizó los formularios con una precisión que no admitía preguntas y pronunció mi nombre en voz baja. No sonó igual en la segunda repetición. En la primera era reconocible; en la segunda perdió una sílaba, o quizá la ganó y yo no supe oírla. Sentí un leve ardor en la garganta, como cuando se traga humo sin fuego. El calor de la sala obligaba a respirar despacio. Cada inhalación tenía peso, como si el aire hubiera sido usado antes. Un hombre a mi izquierda repetía una cifra que variaba cada vez; una mujer detrás de mí decía una dirección que no existía en el mapa de la ciudad, o al menos no en el que yo recordaba. Cuando intenté recordar el origen de mi nombre, encontré versiones que no coincidían: mi madre decía que lo ha...