Lo único que no llega tarde es aquello que nunca intentó llegar
Todo me llega tarde, incluso este ahora que se escribe mientras ya se pudre en otra versión de sí mismo. No es demora, es estructura, un defecto de fábrica en la percepción, como si la realidad ocurriera primero y luego me entregara su sombra para que la nombre con palabras que nacen cansadas. Digo “mundo” y el mundo ya desertó hacia una forma que no alcanzo, digo “yo” y ese pronombre me traiciona con otra biografía que no recuerdo haber vivido. ¿Quién habla cuando hablo? ¿Quién llega cuando todo ya pasó? El lenguaje no describe, suplanta, ocupa el lugar de lo real con sospecha, y en esa usurpación se abre algo, una grieta eléctrica donde el sentido tiembla y deja de obedecer. Escribo desde ese temblor, no para ordenar sino para desordenar, la frase no avanza: improvisa, se rompe, se contradice con una precisión casi obscena, como un músico que pierde el compás para encontrar otro ritmo debajo, más hondo, más peligroso. Cada línea se comporta como un accidente controlado, un pequeño sa...