Entradas

Nadie camina: se arrastran como relojes averiados

No hay más allá: hay un hueco donde la luz se suicida de tedio

La vida no pide permiso: entra, destroza, se sienta a fumar en tu tumba

El tiempo se rinde cuando sonríes

Cada respiración es un pacto con lo inevitable

Al tocar tu piel, escuché un rumor de abismos

La religión vende eternidad en cómodas cuotas de obediencia

El poder no gobierna: devora

Los cuerpos se rozan como páginas ilegibles que arden antes de leerse

Tu rostro era un eclipse que me obligaba a mirar la oscuridad de frente

La ciudad mastica su propia herrumbre como si rezara con dientes oxidados